miércoles, 11 de julio de 2012

Yo...


Yo, que he probado en mi propia piel las delicias del pecado, que he sentido la suave melodía de la inocencia desgarrándose como la carne al morder y me he regocijado en su agonía. Yo, que he bebido del dulce néctar de lo que a la vez es prohibido y codiciado, que he incubado el voraz germen de la perversión en mi interior, alimentándolo de deseos inaprensibles... ¿Os atreveis a afirmarme a mi, que no conozco lo inmoral?
Yo que he lamido hasta los mas intrincados recovecos de la decencia, llenándola del exquisito elixir de lo ilícito, yo que he disfrutado con las hilarantes bacanales de los anhelos censurados, que he observado como hasta las mas ingenuas almas se volvian corruptas ante los apetitos de lo carnal, que he arañado con garras de hielo y fuego el pudor, despojándolo de sus aterciopeladas coberturas, y dejandolas hechas jirones. Yo que he colmado vuestras cabezas con enjambres de fantasías palpitantes, que he degustado el acaramelado sabor de lo indecente, dejándome llevar por la lujuriosa fragancia de la depravación. Yo,  que he envenenado la ética, engatusándola con la seda de mis palabras para teñirla del carmin de lo amoral,  que he profanado las conciencias de los virtuosos, atestándolas de manchas capitales por las que merecer el averno, que he convertido lo moral en mortal y lo lascivo en credo, que he hecho del placer mi templo y vida... yo, una tierna alma curtida a golpes de fusta y lengua...  ¿ Decís que no soy un despreciable? ¿ Decís que no he sucumbido a los encantos de lo apolineo? Hipócritas, callad vuestros delirios de buenos samaritanos, y si realmente quereis conocer lo que es pecado, aqui os espero.