jueves, 17 de marzo de 2011

La Escalera de la Vida

Subes otro peldaño, venga, ya casi estas arriba… Solo un poco más, un último esfuerzo y estarás a salvo. El viento juega con tu pelo y con tu vida. Si, tan solo un paso te separa de la cumbre, el mismo paso que te separa de la caída… 
El suave aliento de ese Céfiro* trae un dulce aroma, acaramelado y empalagoso, apetitoso, no tanto para el estomago como para los sentidos, como el del veneno,  que nos atrae hacia el paraíso efímero, para llevarnos al imperecedero edén de las delicias, o al ardiente infierno..
Deja de soñar o acabaras sumergida para siempre en esa utopía. Tu cabeza da vueltas. No sabes que debería de estar arriba y que abajo… ¿Te has perdido? Te recuerdo que todo depende de ese paso. ¿Te atreverás a levantar los pies del suelo? De ese que te enlaza con la vida, pero también  que tantos golpes te ha dado al caer…
 ¡Con lo fácil que es dar un paso! Dirán muchos. Más de un año tardaste en aprender a hacerlo, cosa tan sencilla no será cuando no se asimila prontamente. Todos saben andar, pero poco son conscientes de cómo lo hacen… Y cuando ese paso cambia tu vida… Cuando no subir ese peldaño significa caer, y el subirlo no volver a bajar… entonces es  cuando dudas de si sabes caminar o no. 
¿A tu alrededor? Miles de escaleras que se unen y se separan, que se rompen, se ensucian, se reconstruyen… unas de madera, otras de marfil…  pobre del que tenga la escalinata de tablas… todos sabemos lo que le pasa a los troncos cuando se mojan… y las lágrimas de una vida son suficientes para hacerla zozobrar…  y cauteloso el que la tenga de marfil, no hay material que después de rociado, más resbale…
Cuidado con los charcos pequeña, mas personas antes que tú han sollozado en este mismo suelo… no serías la primera en caer por las lágrimas de otro.
Miras a tu alrededor y decides sentarte hasta que estés más segura.  “Si no sabes que camino coger, quédate quieta” es tu ley máxima. Desperdicias mucho tiempo parándote a pensar. 
Te levantas decidida, ya sabes lo que tienes que hacer. Levantas el pie despacio, y lo apoyas sobre el  siguiente escalón. Ya estas arriba, ya no hay vuelta atrás. Ves como todo lo que había detrás de ti, cae al vacio. Pierdes el equilibrio. Nunca mires hacia abajo cuando la caída es grande. Pero ya es tarde. Te balanceas, intentas agarrarte a cualquier sitio pero no hay nada a lo que  aferrarse, y en un segundo notas todo el peso de la atmosfera sobre tus hombros. Tus pies se separan del suelo y caes hacia atrás. Te sujetas al borde. El viento se ha parado, como si estuviese a la espera de que algo sucediese, como cuando lees un libro y de tanto interés que te provoca contienes la respiración. Intentas con todas tus fuerzas subir. Estas nerviosa y todos tus nervios se condensan en un alarido horrible, desgarrador. Te queda poco tiempo, lo sabes. ¿Vas a seguir luchando o te vas a dejar ganar? Ahora respiras, y al hacerlo sientes como se te envenenan los pulmones. Vuelves a intentar subir. Pero es demasiado difícil. Las lágrimas nublan tu vista, y caen al vacio como perfectos diamantes. No debes llorar, eso solo te hará más vulnerable… Y el tiempo sigue pasando inexorable a tus suplicas. Tic, tac, tic, tac. No hay ningún reloj cerca, pero puedes oír los latidos de tu corazón como las manecillas de uno. Tic, tac, tic, tac… tu respiración es demasiado veloz, y así, la ponzoña hace más rápido su efecto. Puede que sea a causa de esto, o del cansancio, pero poco a poco notas como la fuerza se te va. Miras a tu alrededor de nuevo, ¿es que nadie te va a ayudar? Los demás, en sus escaleras siquiera te ven. Miras hacia arriba, luego cierras los ojos y te muerdes los labios. La angustia se apodera de ti. ¿Cómo es posible que te hallas vuelto loca en tan poco tiempo? Sabes que no vas a subir, ¿entonces porque sigues luchando? Será porque la esperanza es lo último que se pierde. Tu mente piensa millones de cosas a la vez pero ninguna de ayuda. Tan solo han pasado diez o doce segundos desde que estas ahí, y mírate… parece que llevases horas… Sientes como tus brazos poco a poco van retrocediendo. En un intento desesperado tratas de subir, pero alguien te agarra la mano. “Salvada” Piensas. Tratas de ver quién te ha salvado y justo cuando lo consigues, cuando has visto esa sonrisa de odio pintada a fuego en su cara, esa que tanto conoces, que tanto te alegra, que tanto te asusta,… abre su mano, dejándote caer al infinito. Tratas de gritar, pero la voz no sale de tu garganta. Y caes mientras te mira… y lloras mientras vuelas…

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