miércoles, 8 de septiembre de 2010

Odio y Fuego

Dicen que el odio es un sentimiento ardiente. Nunca acumules odio en tu interior, puede que haga  saltar la chispa necesaria para prender una de las cerillas que hay en tu cuerpo y  que cáda célula de tu organismo se queme. El odio es un combustible fuerte, explosivo, pero poco duradero, pues, ¿Qué puede mantener viva la hoguera, cuando esta se ha consumido incluso a si misma? El fuego que produce es voraz, lo destruye todo a su paso, incluso a sí mismo. No hay nada que se salve de sus efectos, ni agua que lo amanse mientras está encendido. La única solución es el tiempo. Dejar que se consuma todo, hasta que no quede ira para seguir quemando, ninguna cerilla que pueda prender y nada a tu alrededor que pueda arder. Dejar que el aire arrastre las cenizas y se las lleve lejos, donde no puedan ensuciar tus pensamientos, ni nublar tu vista. Mojar la tierra estéril con agua fría, y esperar a que vuelva a nacer lo que un día murió.
Nunca dejes que el odio te consuma, no dediques tu vida a incinerar la de los demás, ni busques venganza por los que calcinaron la tuya. El fuego es imprevisible, y puede volverse contra el que lo prende, haciendo que olvide la verdadera razón de vivir, y convirtiendo a la persona en  una antorcha humana, que destruye lo que toca hasta que mata, o muere.

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