lunes, 27 de septiembre de 2010

The Lake of Souls...

Eternidad. Perpetua oscuridad. A la deriva, en círculos lentos e interminables. Rodeada, pero sola. Consciente de la presencia de otras personas, atrapadas como yo, pero incapaz de comunicarme con ellas. Sin sentido de la vista, el oído, el gusto, el olfato, el tacto. Sólo el aplastante aburrimiento del presente y los dolorosos recuerdos del pasado. 

No hay noción del tiempo. No hay días, ni noches, ni horas, ni minutos; ni siquiera segundos.¿Cuanto tiempo ha pasado? ¿Días? ¿Meses? ¿Años? No podría decirlo con exactitud, creo que eso forma parte de mi condena, de mi maldición...

El tiempo pasa. Las caras entran y salen flotando de mis pensamientos. Los recuerdos se forman, se olvidan, se vuelven a formar. Borro capítulos enteros de mi vida, los recupero, y los vuelvo a borrar. Sucumbo a la locura y olvido quién era. Pero la locura no es el fin. De mala gana, regreso a mis cabales.

Comienzo a desear el dolor que sentía antes, lo necesito... Cualquier cosa es mejor que este mundo límbico. Hasta un minuto de agonía es preferible a una eternidad de nada.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Odio y Fuego

Dicen que el odio es un sentimiento ardiente. Nunca acumules odio en tu interior, puede que haga  saltar la chispa necesaria para prender una de las cerillas que hay en tu cuerpo y  que cáda célula de tu organismo se queme. El odio es un combustible fuerte, explosivo, pero poco duradero, pues, ¿Qué puede mantener viva la hoguera, cuando esta se ha consumido incluso a si misma? El fuego que produce es voraz, lo destruye todo a su paso, incluso a sí mismo. No hay nada que se salve de sus efectos, ni agua que lo amanse mientras está encendido. La única solución es el tiempo. Dejar que se consuma todo, hasta que no quede ira para seguir quemando, ninguna cerilla que pueda prender y nada a tu alrededor que pueda arder. Dejar que el aire arrastre las cenizas y se las lleve lejos, donde no puedan ensuciar tus pensamientos, ni nublar tu vista. Mojar la tierra estéril con agua fría, y esperar a que vuelva a nacer lo que un día murió.
Nunca dejes que el odio te consuma, no dediques tu vida a incinerar la de los demás, ni busques venganza por los que calcinaron la tuya. El fuego es imprevisible, y puede volverse contra el que lo prende, haciendo que olvide la verdadera razón de vivir, y convirtiendo a la persona en  una antorcha humana, que destruye lo que toca hasta que mata, o muere.